Barcelona devuelve las calles a sus habitantes

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La ciudad catalana está multiplicando el número de zonas semi peatonales que limitan la subida de precios y reinventan la vida de barrio.

Alrededor del magnífico mercado modernista de Sant Antoni de Barcelona, hay una sucesión de calles semipeatonales, donde el tráfico de coches se limita a 10 km/h, formando lo que la ciudad catalana llama una supermanzana o “superloc“.

El principio es simple: en todo el distrito, el tamaño de la calzada se ha reducido al mínimo, las intersecciones se han transformado en plazas públicas, se han devuelto a los residentes y se han equipado con bancos y juegos para los niños, y las aceras se han ensanchado y salpicado con mobiliario urbano y árboles. Todo se hace para disuadir a los coches de pasar por estas calles, que no permiten ningún atajo ya que forman bucles y evitan que los coches crucen el barrio obligándoles a girar a la derecha o a la izquierda en cada intersección.

Pau, de 46 años, y su hijo de 2 años están sentados en un banco, en medio de lo que era la calzada de la calle Comte Borrell no hace mucho tiempo. “La transformación del barrio ha reducido la congestión del tráfico, que era muy importante en el Eixample, que carece de zonas verdes y parques“, afirma.

La calle reinvertida

Un poco más adelante, en el centro del viejo cruce, los vecinos están hablando, sentados sobre estructuras de madera apoyadas en las aceras. Frente a la escuela, algunas personas todavía se quejan de las dificultades de aparcamiento, de la ausencia de semáforos en rojo y de los pasos de peatones, señalando que “muchos coches no respetan el límite de velocidad de 10 km/h”, como Sofía Ysasi, de 47 años, que espera a su hija de 8 años después de la escuela. “La calle mantiene sus aceras y los automovilistas no se dan cuenta de que es una zona peatonal”, añade.

“Organicé los dos últimos cumpleaños de mi hija de 5 años en lo que una vez fue la carretera,” Henry

La misma reticencia había marcado la puesta en marcha de la primera supermanzana en el barrio obrero de Poblenou. Hoy en día, es unánimemente aceptada por los residentes que han visto la calle reinvertida por los habitantes, las relaciones entre vecinos se han estrechado, y los niños juegan en la rayuela pintada en el suelo o andan en bicicleta en los circuitos marcados en el suelo. “Incluso organicé los dos últimos cumpleaños de mi hija

Originally posted 2019-12-10 23:18:41.

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